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DICIEMBRE: MES DE ALEGRIA, FIESTA Y REGALOS

19 Dic

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Heme aquí en mi segunda Navidad en Perú, un periodo corto, pero a mí me parece estar aquí de toda la vida. Aquí todo es diverso empezando por el clima (aquí ahora es verano), pero el espíritu Navideño se vive desde que empieza el mes de diciembre con fiestas, chocolatadas, panteón…

Estoy contenta de estar aquí en medio a esta gente sencilla y buena donde Dios continúa su encarnación. Nuestra comunidad está situada en la periferia de Lima, al sur de la ciudad, una zona de cerros y arena, que pertenece a la Diócesis de Lurín, creada hace 21 años.

La gente llegó a estos lugares invadiendo el terreno en los años ’80, cuando arreció la crisis económica en el País y el terrorismo de Sendero Luminoso empezó a crear muerte y destrucción sobre todo en la zona Andina. Desde entonces la gente continúa llegando buscando mejores condiciones de vida y de estudio para sus hijos.

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La zona donde estamos nosotras, Pamplona Alta, empezó a ocuparse en el año 2000, al principio como criadero de chanchos (cerdos), casas de estera o cartón prensado etc. Hoy la situación ha cambiado y mejorado bastante. Muchas casas ahora son de ladrillo y cemento y tantos jóvenes frecuentan la universidad. La esperanza y el deseo de mejorar hace que la gente se empeñe con faenas (trabajos comunes) para obtener lo que necesitan: agua, luz, carreteras (a muchos les falta aún todo esto). Como las casas están encaramadas en las laderas de los cerros, para llegar a ellas construyen centenares de escaleras por las que  la gente tiene que subir cargada con lo que necesita diariamente. Es una vida dura y sacrificada, pero la gente se esfuerza y  trabaja con la esperanza de cambiar la cara a este lugar y la situación de sus familias.

Para responder a las necesidades urgentes, las parroquias crearon escuelas, centros médicos y sociales; hoy el gobierno también está respondiendo a estas necesidades sociales.

No obstante todos los esfuerzos, hay muchos episodios de violencia, pero esto no es fruto de la pobreza sino de la desigualdad y de la exclusión y ¡aquí hay tanta!. La misma zona es ya una exclusión, los muros que la circundan no son ideológicos y sociales, sino de ladrillo. Entre esta extensión de terreno y la de al lado (Casuarinas) hay un muro que separa riqueza y pobreza; opulencia y miseria; bienestar e indigencia. El epulón y Lázaro aquí son realidades cotidianas. Este muro ha dado la vuelta en las redes sociales y para nosotras es causa de indignación. ¿Es posible que mientras unos gozan de agua abundante para sus jardines y piscinas, otros se tengan que conformar con “el aguatero” (camión que cada día lleva el agua medida y a precio de oro a estos lugares)? ¿ Es justo que mientras unos viven en verdaderas mansiones, otros vivan en casuchas de estera de pocos metros donde albergan 5-6 o más personas…?

Aquí se entiende mejor el misterio de LA Navidad. Dios se encarna y nace en esta realidad pobre y marginada como aquella de Belén. Dios apuesta por esta gente, excluida como los pastores pero, también como ellos, los primeros a los que Dios revela su gloria y anuncia la Buena Nueva del Salvador. Así es esta gente: pobre, sencilla y con tanta fe. En este tiempo que hacemos la novena de Navidad en las familias comprobamos todo esto, mucho sufrimiento, pero tanta fe.

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Aquí los niños gozan de lo poco que tienen: con un balón pinchado juegan, ríen y se divierten, con patines, a veces sin ruedas suben y bajan las calles de tierra llenas de hoyos y piedras como si fuera una pista asfaltada. La alegría es completa en este tiempo en que los “bienhechores” (gente acomodada) ofrecen las chocolatadas (un vaso de chocolate y panteón), junto con un regalo. Las calles están en fiesta; al menos por unos cuantos días todos los niños tienen un juguete en las manos, es bonito. Pero luego, estos días pasan y se vuelve a la realidad; transcurrido este periodo todos se olvidan de estos niños que dentro de dos meses empiezan la escuela y no tienen lo necesario: libros, cuadernos, bolígrafos… Muchos no superan el año porque están mal alimentados (hay muchas desnutrición infantil), los que se enferman no se pueden curar porque las medicinas cuestan un ojo de la cara… Es bonito verlos jugar estos días, ¡que hagan fiesta!, pero creo, que la verdadera Navidad sería que a estos niños no faltara lo necesario durante todo el año pudiendo crecer sanos y felices.

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En esta realidad, la teología de la liberación es más que actual y Gustavo Gutiérrez con la clarividencia que lo caracteriza nos anima en nuestro trabajo: “La fuerza de la utopía no está tanto en la posibilidad de que esta se realice, sino en la compasión de la que ella nace, y de la indignación por la injusticia”.

La profecía de Isaías nos dice: Alégrese el desierto y la tierra seca; llénese de alegría y florezca,  produzca flores como el lirio. Llénese de gozo y alegría. Dios lo hará bello como el Líbano, fértil como el Carmelo y el valle de Sarón. Todos verán la gloria del Señor, la majestad de nuestro Dios.  Fortaleced a los débiles, dad valor a los cansados, decid a los tímidos: “¡Ánimo, no tengáis miedo! ¡Aquí está vuestro Dios para salvaros.( Is. 35, 1-5)

Pues bien tanto la frase de Gustavo Gutiérrez como la profecía de Isaías nos animan a comprometernos cada día junto con esta gente para que la justicia, la igualdad, y la fraternidad pronto sean una realidad y este desierto (no solo físico) florezca. Este es el Reino de Dios, esto es Navidad.

Estoy contenta de estar en este lugar donde junto a las hermanas, acompañamos a esta porción de Pueblo del que aprendemos la sencillez, el compartir y a vivir del necesario. Esto, creo nos acerca a Jesús de Nazaret.

A TODOS OS DESEO ¡UNA FELIZ NAVIDAD Y AÑO NUEVO!

Un abrazo,  Carmen Martín

 

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Celia Macho: de Uganda a Madrid

18 Nov

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En el mes de octubre pasado la revista “Alfa y Omega” presentaba brevemente la figura de Celia Macho, misionera comboniana, como una más de los tantos misioneros de la diócesis de Madrid esparcidos por el mundo.

«Yo fui bautizada en la iglesia de San Jerónimo el Real y aprendí a rezar en la iglesia de Jesús de Medinaceli. Pasé mi infancia jugando en el paseo del Prado y en el Jardín Botánico…». La misionera comboniana Celia Macho Cardenal es una de los 602 misioneros madrileños que hay por todo el mundo, que se disponen a celebrar especialmente este mes de octubre, de marcado carácter misionero.

Su vocación está muy ligada al cartel del Domund de 1973, que rezaba: Tu fe es un compromiso misionero. «Yo entonces estaba insatisfecha con lo que hacía. Estudiaba Bellas Artes, pero me faltaba algo. Aquel cartel me dio el empujón. Interioricé esa frase y entré en las combonianas de Corella, en Navarra, al año siguiente».

Después de unos años estudiando inglés en Estados Unidos, Celia llegó a Kenia en los 80. «Ese fue el primer encuentro con el sueño de mi vida. Hice realidad esta vocación y desde entonces he experimentando un derroche del Señor para conmigo».

Recorrió Etiopía, Chad y otros países en los que tuvo estancias de menos duración, hasta llegar a Uganda, el país que más le ha marcado. Paradójicamente, su labor allí no se corresponde con la imagen habitual de un misionero; en lugar de desarrollar alguna labor asistencial, trabajó durante años en el centro de espiritualidad Namugongo, estrechamente vinculado a los mártires de Uganda. «Es un país muy castigado por la guerra y la violencia –explica Celia–, y allí se cometieron muchas atrocidades. Por eso se necesitan ejercicios espirituales, talleres de oración, de sanación de las heridas, retiros… Todo para reconciliar a la gente y sanar adultos y niños. Es una labor muy grande, y hay mucho por ayudar en este sentido».

Celia, que es ahora provincial de las combonianas para Europa, volvió a Madrid en 2014, después de 34 años fuera de España. «Echo de menos Uganda. Cuando estás allí vives el día a día con normalidad, hay armonía en la naturaleza, en las gentes, en tu trabajo. Aquí hay una prisa y un torbellino que te absorben. Tienes que esforzarte mucho por seguir tu ritmo y no el que la sociedad te impone. Hay una diferencia de vida muy fuerte», desvela la religiosa.

Además, en la Iglesia percibe «un cambio muy grande. Echo de menos el sentido de fiesta y la celebración en la Eucaristía que allí me alimentaban. Allí la Eucaristía es una auténtica fiesta, pero aquí es muy diferente», lamenta.

De todos modos, a pesar de que «adaptarme a Madrid ha sido más duro que cuando me tocó adaptarme a la misión», y que «ahora estoy aprendiendo de nuevo a ser madrileña», Celia hace balance de estos 34 años y afirma: «El Señor ha sido grande conmigo, estoy muy contenta».

De  J.L.V.D-M.  Texto publicado en http://www.alfayomega.es/129302/la-misionera-mas-castiza

Jesús Ruíz, nuevo obispo en Bangassou (R.C.A.)

12 Nov

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Jesús Ruiz Molina nació el 23 de enero de 1959 en La Cueva de Roa, en la diócesis de Burgos.  Después de estudiar en el seminario menor y más tarde en el seminario mayor de Burgos, decidió marcharse con los Misioneros Combonianos. Con ellos realizó su formación en Moncada y más tarde en Paris. Fue ordenado sacerdote en 1987.

Enseguida después de su ordenación estuvo trabajando en la Animación Misionera en España y llegó al Chad en el 1996. Concretamente a la misión de Bedjondo en la diócesis de Sarh. Allí fue donde lo conocimos muchas de entre nosotras y donde pudimos trabajar con él. Fueron años duros, de mucho trabajo, de muchas situaciones dolorosas… pero también fue un tiempo de mucho compartir. En aquel momento nos tocó vivir en primera persona la muerte de uno de nosotros, un comboniano, Francesco Tomasoni. Jesús supo hacer frente a la situación desde su paz interior y su confianza en Dios.

En África ha trabajado quince años en el Chad y nueve en la República Centroafricana, siempre al pie del cañón, siempre haciendo una pastoral social… ¡y disfrutando con ello! Además es que eso se le ve en la cara y en su forma de ser… disfruta estando con los demás, trabajando para los demás, buscando condiciones de vida mejores para los demás…

Para él la fe no es una ideología, sino una persona, Jesucristo, y esa fe que él vive desde la alegría y la confianza, se transmite más tarde en su quehacer cotidiano

Se podrían decir muchas cosas sobre Jesús, pero para mí, hay varias cosas que siempre me cautivaron: su saber escuchar, su inmensa paciencia con la gente, su estar con ellos en las buenas y en las malas. Y sobre todo me encanta su humor y su fina ironía. Con él no estás nunca a disgusto, sabe crear el ambiente propicio para cada uno en el momento y el espacio justo.

Hoy día 12 de Noviembre ha sido consagrado obispo en Bangui, la capital centroafricana porque su diócesis de Bangassou vive momentos difíciles.

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Diócesis de Bangassou en color verde intenso

Quien lo conoce sabe que con Jesús Ruiz ya ha ganado un amigo, pero no un amigo cualquiera, sino un amigo para toda la vida. Él es de los que mantienen su fidelidad y su amistad a pesar del tiempo y de la distancia.

La Iglesia de Bangassou en Centroáfrica no gana solamente a un obispo, sino que gana a un gran ser humano, a un padre y a un amigo.

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¡Gracias, Jesús, por ser tú mismo!

María del Prado, Fernández Martín. Misionera Comboniana