“VUESTRO BIEN SERA MI BIEN Y VUESTRAS PENAS LAS MÍAS”

3 Ene

Me llamo María Teresa Azparren y llevo trabajando en Uganda desde hace muchos años. Os cuento una de mis experiencias vividas en la misión de Ngeta, en la diócesis de Lira.

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Trabajaba con los catequistas y me di cuenta de que sus condiciones de vida no eran las mejores, pero con ayuda y esfuerzo podían mejorar. En ese grupo de catequista había tres chicos que habían sido alumnos míos en el Instituto, y así pensando junto a ellos surgió una iniciativa muy interesante.

Se trataba de que ellos tenían que hacer el esfuerzo económico de comprar un buey. Si lo realizaban yo sufragaba, con las ayudas que me podían venir desde España, un segundo buey para que pudieran trabajar mejor el campo. El esfuerzo para ellos era considerable, pero el objetivo era preciso: mejorar las condiciones de vida de toda la familia. Y eso porque sabemos las dificultades de trabajar la tierra de un modo manual y dependiendo siempre de los ciclos caprichosos del tiempo, de las lluvias u otros fenómenos.

Iniciamos con tres catequistas nada más, pero luego ellos se fueron animando y me iban presentando a otras personas de confianza que conocían. El contrato era siempre el mismo, el primer buey lo compraba la persona interesada y con un pequeño proyecto sufragábamos el segundo.

Hubo organizaciones que me ayudaron con pequeñas cantidades, nunca tuve un gran capital. Cuando llegaba una ayuda la invertíamos en aquellos que estaban en la lista. Si la ayuda no llegaba simplemente esperábamos.

A este grupo de catequistas se añadió más tarde un grupo de mujeres que habían enviudado por causa del SIDA. Las condiciones eran las mismas que para los catequistas.

En estos diez años hemos ayudado a 112 personas y puedo decir, con muchísimo orgullo, que solamente dos de ellos nos fallaron. Uno porque pensó que era mejor vender el buey y el segundo porque simplemente lo dejó morir. ¡No todo iba a salir perfecto! Personalmente estoy muy orgullosa del trabajo que estas personas han realizado y de cómo han ido mejorando sus vidas. Yo misma lo he constatado cuando he visto que se han podido construir casas mejores que las que tenían con anterioridad, que han podido abrir algún negocio, o comprarse una bicicleta, una moto, etc. Y la satisfacción era doble porque ellos mismos venían a agradecer esa ayuda y nos contaban como sus vidas había ganado en calidad gracias a ella.

Espero que mi experiencia os haya gustado. Ahora estoy recuperándome de una enfermedad bastante seria, pero mi pensamiento está siempre allí en Uganda.

María Teresa Azparren (Misionera Comboniana)

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